domingo 11 de octubre de 2009
Por la noche...
De noche me gusta hablar conmigo. En el silencio puedo oír mi otra voz, una que es optimista y que cree en mí; cree que puedo hacer algo para cambiar las cosas, cree que la historia no va a repetirse esta vez, cree que soy fuerte y determinado. Pero ha llegado demasiadas veces la mañana y la decepción como para no saber que es mentira. O sea que hoy no quiero hablar conmigo y por eso escribo, me concentro en cada frase aunque no tenga sentido y así no me escucho. Estoy cansado de despertarme y que la voz esté escondida detrás de una puerta, en silencio, y haga como que no está cuando la llamo, pero sé que está porque oigo su respiración. Supongo que no me habla para no herirme: no quiere decirme que yo no soy más fuerte que yo. Otra vez. Estoy desesperando de mí. Cuando me canse de mí, ¿podré cambiarme por otro? Hoy Ana tenía concierto. Espero que le haya ido bien. Hace un mes y medio cumplí los treinta y cuatro. Había puesto muchas esperanzas en los treinta y tres (me lo dijo la voz), pero nada. Entonces me propuse tantas cosas para los treintaycuatro que era imposible y así ha sido pero incluso antes de tiempo. Esta vez me he decepcionado con celeridad, no sé si en un acto de piedad hacia mí mismo, evitándome el trance de soñar durante más tiempo, o simplemente demostrando que cada vez domino mejor la técnica del fracaso. ¿Tú qué crees voz? Si realmente quisieras, podrías. Mientes. Tu problema es que no sabes lo que quieres. Cállate. Quiero no escucharte esta noche. Quiero seguir escuchando a Badalamenti en silencio. Cierra los ojos, pues, y aparta el teclado…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Esa suerte de voz noctámbula representa al convencimiento de la gente que te conoce o te lee, sin duda. Yo creo en tí.
ResponderSuprimirUn abrazo.
ps: Si lo construyes, él vendrá.
Gracias. Pero no lo hagas, no creas en mí. Tarde o temprano te decepcionaré. Siempre lo hago.
ResponderSuprimirPS: Go the distance...