Recuerdo que Horacio Pimentel suponía a un Dios materializado a partir de la imaginación del hombre que, dotado de los poderes que ésta le ha otorgado, observaba día y noche el mundo que Él supuestamente había creado ─pero que era anterior a Él─, y lloraba desconsoladamente por el fracaso de una intención que en realidad nunca fue la Suya.
«Dimos forma a un Dios que, por definición, no podía crear algo tan imperfecto como este lugar y sus habitantes, pero nuestra voluntad lo hizo real. Ahora nos encontramos rezando a alguien cuya única muestra de poder ha sido fallida. ¿Cómo quieres, estimado Nuncio, que sea capaz de responder a nuestras expectativas? Nuestro Dios es un juguete con defecto de fábrica.»
Brutal, el texto. Pero a mí esa imperfección es precisamente la que me hace creer en Dios y huir de la "perfección" de aquellos que creen representarle.
ResponderSuprimirUn abrazo.