En algunas ocasiones he aprovechado este espacio en blanco para relatar algún sueño. Hoy podría ser otra de esas veces. Explicaría que el destino, en forma de visita inesperada, no quiso darme la oportunidad de despedirme el día que se marchaba y que las palabras que había ensayado tantas veces en mi cabeza fueron silenciadas y, desde la distancia, sólo pude hacerle una señal con la mano. Ella sonrió. Y se fue.
El otro día volvió en un sueño en el que no supe dejar de ser yo ni un instante, pero fue un regalo volver a verla.
Ahora, mientras escucho "Searching for the Past" de Secret Garden me pregunto, tal y como ya he hecho otras veces, si el sueño fue real aunque fuera sueño. Esta vez creo haber encontrado una respuesta y, si bien es sospechosamente oportuna para mí, no dejo de encontrarle cierto sentido.
Tiene que ver con la noción de presente.
Asemeja Valery -en sus cuadernos- el presente a una rueda que gira sobre una superficie; el punto de contacto de la rueda y de la superficie es este presente. No es un punto, dice, sino una pequeña superficie.
Durante unos momentos, su visita en el sueño ocupó esa superficie.
Y si en algún momento fue presente, ¿como podría no haber sido real?
Xavi, los sueños están repletos de croupiers que hacen su trabajo de manera exacta, por eso siempre tenemos esa sensación de irrealidad y de pasado cuando abrimos los ojos cada vez que nos despertamos. Además el deseo es tan afín a todos los tiempos verbales que aún nos desorienta más.
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